Canadá-Suecia
27 nov. 25
Acostumbrados al mapamundi, de los clásicos a nuestros días, perdemos de vista que la Tierra no es un plano, sino una esfera. La inercia nos impide ver la vecindad entre estos dos países, que aquí se resume así:
Canadá y Suecia tienen mucho en común. Ambas son democracias con monarquías constitucionales. Ambos tienen economías abiertas y orientadas a la exportación. Ambos han pasado un siglo gestionando a un vecino de gran potencia. Y ambos están dotados de recursos de hierro y metales básicos, vastos bosques boreales y abundante agua dulce. (Incluso sus fresas, que crecen lentamente bajo la luz boreal, saben igual.) Por tanto, tiene sentido que firmen una nueva asociación estratégica sobre producción de defensa, seguridad en el Ártico, minerales críticos, manufactura avanzada y tecnologías emergentes.
Porque de eso va la cosa, no de déficits. Eso sí: si no me equivoco, la monarquía canadiense es la inglesa. Y habrá que ver cómo han reaccionados los quebequenses separatistas francófonos (que haberlos, háylos) ante esta perspectiva de asociación estratégica que dificulta su independencia. Algo así como sucedió con algunos separatistas catalanes cuando España se integró en el Mercado Común y que ahora piden que el catalán sea una lengua oficial más de la Unión Europea.
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