Cave canem

 20 feb. 26

Lectura recomendada: este artículo en Nueva Sociedad se resume así:

El boom de la inteligencia artificial moviliza inversiones enormes, pero sus beneficios reales siguen siendo inciertos y su expansión se apoya crecientemente en la deuda y en complejas maniobras financieras. Más que una revolución tecnológica, podría convertirse en otra apuesta especulativa que profundice las desigualdades y las crisis del capitalismo.

He comparado suficientes veces la revolución de la IA con la revolución industrial que cambió el mundo, no sin problemas. Aquella revolución se extendió en el siglo XVIII desde Inglaterra y llegó, en el XIX, a los Estados Unidos y Europa. Fue revolución, sí, con la aparición del proletariado y la nueva burguesía. El Manifiesto del Partido Comunista se publica en Londres en 1848.

Ahora, la nueva revolución se origina en los Estados Unidos y se extiende por la China y Europa. Vale la pena leer el artículo que cito para darse cuenta de esta dinámica... y de sus problemas. Cambios de esta envergadura no necesariamente van a mejor, sobre todo si ya se parte de problemas previos en el sistema mundial y se reconoce el impacto de la población y su consumo en el terreno medioambiental. 

Parece claro que hay que estar al tanto de estos procesos, pero sin caer en el entusiasmo beato ni en el negativismo ciego. El tiempo dirá. Pero, cuidado. La guerra ya no es lo que era. Y el cambio social ha comenzado para bien y para mal.


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