Dos Chomsky

 8 feb. 26

Me reconozco admirador, pero no seguidor de Chomsky. Me explico: Admiro a muchas personas por lo que han hecho y/o me han enseñado. Pero de todos ellos he aprendido a no adorar a ningún autor, por más que reconozca su influencia en mi modo de ver las cosas. Influencia, sí. Son fuertes. Adoración, no, sería una contradicción con la admiración. Ellos también se equivocan, aunque no siempre lo hayan reconocido (el caso más evidente y admirable es el de Andre Gunder Frank que escribió un artículo reconociendo los errores cometidos por él en sus obras).

Y es que hablamos de seres humanos. Nadie es perfecto. Por eso aconsejo leer este trabajo sobre Chomsky en el que encuentro la frase que he utilizado para nombrar este post. El trabajo en cuestión parte de las preguntas que, sobre el anarquista Chomsky, han surgido al conocer su relación amistosa a más no poder (personal y familiar, es decir, se incluye a la segunda esposa de Chomsky) con el Epstein que la reciente publicación de innumerables notas y datos del personaje ha mostrado. Se recogen incluso las significativas reacciones de Chomsky ante el suicidio de su amigo.

Saber más sobre esos autores permite relativizar algunas lecturas de sus obras. Casi me atrevería a decir que lo mismo sucede con los Evangelios: que tienen su sí y su no, un roto y un descosido. Y eso que se presentan como divinos, como a otros los presentan como egregios.

Comentarios