Informar, percibir

16 feb. 26

Con este anuncio se me invita a suscribirme a este periódico, amén de rebajas y regalos añadidos. Me gusta el argumento.


Veamos los argumentos.
Primero, que las elecciones recientes no han servido para aclarar quién manda aquí, sino que han sido un caos. De acuerdo. 
La información sirve para aclarar las cosas. De acuerdo también. Y hay que bajar a detalles. Los antecedentes no vienen mal. Las intenciones declaradas tampoco. Los problemas internos de cada contendiente, lo mismo. Una mirada a su contexto internacional, tampoco vendrían mal.
Y ahí entra el periódico, que ayuda a percibir lo que realmente importa, y ahí ya no lo tengo todo tan claro. Lo que importa ¿a quién? Puede ser al ciudadano medio, o a los intereses de alguno de los partidos en liza, o a la correspondiente oligarquía informativa, económica o social. 
Y ahí es donde quedamos perdidos. ¿Y si lo que señala es precisamente lo que menos importa para alguno de estos posibles destinatarios? ¿Puede ser la información una forma de ocultar lo que realmente importa? Yo no lo descartaría.
La vida no es una novela.
Pobre Machado: "No tu verdad, la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela". ¿La suya también?

Pues no del todo. Aunque lo diga El Roto. Basta sufrir las tertulias en televisión en las que hay veces en las que tres participantes hablan a la vez, cada cual con su verdad, por supuesto. Hay caos y no hay silencio. O, si se prefiere, se añade al caos de la realidad el caos de la tertulia.

Comentarios