Las estadísticas no mienten
2 may 26
"España va bien", proclamaba en su día el entonces presidente Aznar.
Hoy, aniversarios españolistas varios, se levanta acta de lo bien que va el país llamado España
España es mejor que hace 50 años. Es un país más sano, rico, educado, igualitario y libre. La mortalidad infantil se redujo siete veces, vivimos 10 años más, el PIB per capita se ha doblado. Tenemos cuatro veces más médicos y el triple de profesores. Los universitarios se quintuplicaron; las mujeres se incorporaron al Parlamento; todos nos podemos casar. Los españoles estamos conectados al mundo; viajamos y millones de extranjeros eligen vivir aquí. El progreso es patente en casi cualquier cosa que podemos medir.
Todo es comparar. Datos innegables, pero entonces, ¿cómo explicar el descontento que también se refleja en la opinión pública y en la intención de voto? Veamos.
Primero, la pirámide de edades. Puedo recordar, con más de 50 años de vida y a pesar del deterioro cognitivo que acompaña la edad (caso Pujol padre), pero la mayoría de la población no tiene tales términos de referencia que no son ahora momento de discutir ni completar.
Segundo, los medios de comunicación que en telediarios y programas de "discusión" trasmiten una realidad política cotidiana no muy esplendorosa que digamos (discusiones teatreras, corrupciones reales, silencios peculiares, énfasis en lo negativo -si es positivo, no es noticia-). Casi puede decirse que "si están bien, no es noticia".
Tercero, la estructura de edades. Se sabe, por encuestas varias, en qué estado se encuentran "nuestros jóvenes" en el terreno de vivienda, empleo, optimismo. No miran hacia "atrás" (lo dejan a los viejos que comienzan su perorata con "en mis tiempos"), les basta ver su presente y extrapolar a corto, que es lo que cuenta.
Cuarto, las redes, que tienen su propia lógica de inmediatismo, búsqueda de reacción, casos más que tendencias, influencers y demás. Hablan de un mundo bien diferente del descrito para hace 50 años que, por cierto, algún punto oscuro debieron de tener y tuvieron.
Quinto, la oferta política en la que, si quieres ganar, mejor subraya lo negativo que vas a cambiar cuando ganes y deja de lado lo bien que has hecho en el poder o en la oposición, que tanto da, pero el poder es más visible y más fácil de criticar.
Ya puestos, no vendrá mal dar un vistazo a lo que se está haciendo en la Alemania contemporánea: aumentar el gasto militar y recortar el Estado del Bienestar (educación, sanidad, servicios sociales), como se está haciendo con entusiasmo en los Estados Unidos trumpistas y proponen los partidos que siguen creciendo en la Unión Europea y, en las Españas, ya están en gobiernos autonómicos y podrían estar en el gobierno central dentro de pocos meses.
No son los datos: es cómo se presentan (el ejemplo que cito es interesado), cómo se refractan, cómo se viven las vidas cotidianas desde las que se vive y vota. Sorry. Días de vino y rosas. Y todo ello sin especular sobre el cambio de civilización que imponen las nuevas tecnologías. Incluso para el periodismo (he recibido, vía chat, una falsa declaración de un conocido político, eso sí, creada por IA). Y, como guinda, los efectos de estas guerras que desprecian el derecho internacional. No sólo en los presupuestos. También en el mercado.
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