Quién es Israel

23 de mayo 26

Las acciones públicas del ministro sionista Ben Gvir han sido objeto de crítica no necesariamente antisemitas o antijudías, sino concretamente antisionistas. No son críticas racistas contra los semitas (incluye a los que hablan árabe, lengua semítica) ni críticas xenofóbicas. Es su comportamiento e ideología lo que está bajo crítica en algunos sectores. Viene a cuento de esto que leo hoy
Israel: El país cuyas acciones nunca se representan a sí mismo como país que invierte mucho en relaciones públicas y se presenta de forma positiva, Israel suele afirmar que su representación se basa en cualquier cosa menos en sus propias acciones.
Aquí les invito a hacer una pausa en la historia que se está desarrollando. Expresemos lo que vemos con otras palabras: el primer ministro israelí, sobre quien pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, le dice a uno de sus ministros que su trato a los activistas capturados ilegalmente no se corresponde con los valores y normas de Israel. Netanyahu hace estas declaraciones tras felicitar al ejército israelí por la interceptación de la flotilla hace apenas unos días. Según él, este tipo de abuso no representa a Israel; Ben-Gvir, su propio ministro, no debería influir en nuestra percepción de Israel.

Surge una pregunta: si no son las acciones de un funcionario de su propio gobierno, ¿de quién, según el propio Netanyahu, deberíamos tomar en cuenta al formarnos una imagen de los valores y normas de Israel?

 Efectivamente, los valores y normas de un país (por ejemplo, España) no son fáciles de definir y los sucesivos gobiernos se han dedicado a definirlos en términos de sus propias propuestas ideológicas. Fue claro para el franquismo y lo es para los trumpismo trasplantado. Los "progres" tienen sus ideas, las organizaciones empresariales las suyas, la Conferencia Episcopal añade algunas, los "rojos" las suyas. No coinciden a la hora de definir el "ser español", cosa que se complica adicionalmente por la existencia de fuertes movimientos independentistas que se basan en definiciones propias de lo que es ser catalán (som i serem gent catalana tant si ho vols com si no ho vols), vasco, gallego, amén de algunos no-separatistas aragoneses, andaluces, castellanos y no voy a decir nada de los valencianos si es que incluyen a los alicantinos o no. Pero las respectivas definiciones "oficiales" se convierten en un instrumento más por parte de defensores y detractores, sin que exista un modo empírico y contrastable de responder al "qué somos" (más fácil al "qué son los otros").

La historia se escribe en tragedia, pero también en comedia. Lo que está sucediendo en Israel y Palestina es tragedia, pero las ideologías subyacentes son varias (por ejemplo, existe un judaísmo antisionista), y hay que preguntarse por cuál es aquella a la que se está refiriendo para legitimar las propias decisiones. Los pueblos (si es que existe tan ente) no tienen "valores y normas", sino algo parecido a excusas para legitimar acciones cuyo origen y objetivo no vienen a cuento y se llaman ideologías, que hay muchas y variadas, aunque sólo cuente una entre todas: la propia.

Identificar un pueblo con unos "valores y normas" tiene el riesgo de poner en práctica programas electorales  de "prioridad nacional".

Por una vez, y sin que sirva de precedente, defendamos el derecho internacional y el derecho supra-estatal como lo hay en la Unión Europea. Pero en serio. Modificables, ay, según las correlaciones de fuerzas actuando en cada momento.

Daurigota, que, en esperanto, significa continuará.

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