Personal e intransferible

 27 jun 26

He estado pelando judías verdes para el almuerzo y estas han sido mis reflexiones al respecto.

Primero, no hay dos judías iguales, sin embargo todas son judías bajo mi cuchillo. Todos los seres humanos son iguales, pero algunos son más iguales que otros.

Segundo, estas judías se parecen porque vienen del mismo tenderete en el mercado que, probablemente, las ha comprado de un mismo productor. Probablemente, si hubiésemos comprado en un supermercado o uno u otro hubieran comprado de diferentes proveedores, habría encontrado diferencias debidas al tipo de riego, tipo de tierra y tipo de culivo (antiplagas incluidos). Pues sí, si consideramos los apellidos de mis padres y los apellidos de mis abuelos, se ve inmediatamente que hay diferencias en los orígenes físicos (amén de los sociales). Si a eso se añaden los propios de los padres de mi esposa y los de sus abuelos, veremos la mezcla que son mis nietas. No todos los humanos son iguales aunque provengan de un supuesto original, Adán para los judeocristianos, y discusiones sobre neardental, australopiteco, etc. hasta llegar a un supuesto Homo Sapiens, es decir, varón y hembra copulantes.

Pero hay tomates y ahí la historia se repite con mucha más claridad, con razas bien determinadas y estados detectables. Nueva diversidad...

Que se unen en una ensaladilla unitaria (podría haber sido un gazpacho, pero las judías estorbarian). Y en la ensaladilla, como en el Fútbol Mundial, hay diferencias de comidas (equipos) que se comen las diferencias en miembros (razas). Resulta que, en efecto, excepto en los equipos "nacionales" de la antigua URSS, que dicen que son mono-raciales, lo normal, es decir, lo habitual o más frecuente son equipos multi-raciales, aunque, eso sí, con determinadas características comunes para cada uno de los equipos. Nacimiento, residencia, o lo que sea.

Y entra el racismo: mis judías van antes que los tomates preparados por mi mujer. Vale que metan más o menos goles (que es de lo que se trataría en esa cocina), lo que importa es que son "nuestro" equipo, nuestra comida, aunque siempre habrá alguno que rechace alguno de sus componentes. Humano, demasiado humano.

Las dos cosas son curiosas: la exaltación del plato en la mesa y el rechazo de alguno de sus componentes. En el primer caso, extraña esa exaltación que se llama nacionalismo, que separa a mi equipo frente a los demás. En el segundo caso, extraña ese rechazo del diferente, sea cual sea el criterio que se utilice para diferenciarlo ya que los "homogéneos" restantes son, casi por definición, heterogéneos. La ínclita España es resultado de sucesivas invasiones y asentamientos, con lo que todos tienen, incluso los vascos y no te digo los catalanes, algo de algo diferente. Los "puristas" vascos criticaban al "vasco que casa con maketo", es decir, que contamina la raza, que es lo que ha ido sucediendo desde aquellos Homo Sapiens que alguna vez existieron. 

La vida no es una novela. Pero anoche no trasnoché y me fui a la cama a mi hora habitual.

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