Fantasía veraniega
30 jul 26
Y nada incendiaria, todo sea dicho.
Ha comenzado esta mañana cuando no recordaba el nombre del dios al que estaba dedicado el templo del sótano de la Iglesia de San Clemente en Roma. Un mitreo, dedicado a Mitra, con sus sacramentos, comidas religiosas ("eucarísticias"), números 7, monoteísmo en un contexto en el que los primeros cristianos llegaban a Roma. Se habla de que fue una religión que tuvo su impacto en la traducción del judaísmo apostólico a cristianismo romano, primero introduciendo el griego (Pablo de Tarso), después el latín del Imperio y su estructura jerárquica. De su existencia vine a saber, en la Roma de los años 60, a través de los comentarios en una conferencia de Pier Paolo Passolini a su película El Evangelio de Juan. Y visité el mitreo, cerca del Coloseo, numerosas veces. Hasta la última, desde el hotel que está en frente y en viaje a Sicilia.
Pero el caso es la persecución que sufrieron los cristianos en sus primeros años hasta convertirse en la religión del imperio. Mártires, represión, marginación y todo aquello hasta acabar gananado.
Una religión periférica que toma elementos del Imperio de aquel momento y se convierte en una religión con pretensiones universales. El imperio ahora es el trumpismo. No es universal, pero tiene pretensiones de serlo y sus creyentes tienen en común el rechazo del ecologismo y sus creencias y propuesstas. Sus orígenes más cercanos, más allá de las prácticas de pueblos "primitivos", están en el XIX y, en particular en los años 60 del siglo pasado en los que ya puede hablarse de un movimiento ecologista.
No parece que el paralelismo entre los orígenes del cristianismo y los del ecologismo permitan predicciiones sobre este último. El anterior, pervive, a trancas y barrancas, y hasta hay trumpistas que recurren a él, retóricamente, claro. El ecologismo, en cambio, va a tener un enemigo muy fuerte en un creciente número de gobiernos mundiales, comenzando por la cabeza del imperio, Trump.
Comentarios
Publicar un comentario